Qué cambia en su persiana al motorizarla
El motor tubular va escondido en el interior del eje: mirando la ventana, nadie diría que la persiana lo lleva. Con él puesto sobran la cinta y su recogedor, que desmontamos; el hueco de la pared se tapa o se aprovecha para el interruptor, como usted prefiera. A partir de ahí la persiana se mueve sola y frena en los dos extremos gracias a los finales de carrera, que regulamos durante la instalación.
Tres medidas deciden qué motor le conviene: el espacio libre dentro del cajón, el grosor del eje y el peso del paño. Un motor corto de fuerza trabaja forzado cada mañana; por eso lo elegimos para su persiana concreta y no para una media.
Interruptor en la pared o mando en la mano
Hay dos maneras de dar las órdenes. La primera, un interruptor de dos botones en la pared, cerca de la ventana: no gasta pilas ni se pierde entre los cojines. La segunda, un receptor de radio en el motor que obedece a un mando; si es de varios canales, maneja varias persianas, juntas o de una en una.
La electricidad llega al motor desde el enchufe o la caja de registro más próxima, y el cable baja por el lateral del cajón para que no quede a la vista. No es lo mismo hacerlo en el cajón de obra de un piso antiguo del centro que en el ventanal de un chalet, así que antes de empezar le enseñamos por dónde irá cada cosa.
Motores averiados y finales de carrera
Un motor averiado da señales muy concretas: un zumbido sin movimiento, una persiana que se detiene sola a mitad de recorrido o que baja y ya no sube. El origen puede estar en el motor, en sus límites o en la corriente que le llega, y lo vamos descartando de lo más sencillo a lo más laborioso. Muchas veces basta con reprogramar los límites; cuando el motor está agotado, se sustituye por otro de la misma fuerza.
Ajustar bien los finales de carrera es parte del trabajo, no un detalle. Si el límite de arriba queda corto, la persiana no recoge del todo; si queda largo, la lama final choca contra el cajón en cada subida. Si el de abajo queda mal, el paño se amontona o no llega a cerrar. Dejamos ambos a su medida y los probamos con usted.
Cuándo merece la pena motorizar
El motor compensa sobre todo en tres casos: persianas grandes que cuesta levantar, persianas que se abren y cierran muchas veces al día y persianas escondidas detrás de un mueble, donde tirar de la cinta obliga a contorsionarse. También es una ayuda real en casas donde vive alguien con artrosis, con el hombro lesionado o sencillamente con pocas fuerzas.
En cambio, una persiana pequeña que se usa poco puede seguir con su cinta sin problema. No le propondremos motores donde no hacen falta: le decimos qué persianas ganarían con el cambio y usted decide por dónde empezar. Si quiere verlo en su caso, llámenos y quedamos a la hora que le convenga.
Dudas frecuentes
Preguntas sobre motorización de persianas
¿Mi persiana es demasiado vieja para llevar motor?
Rara vez. Lo que cuenta es que las lamas estén sanas y que haya hueco en el cajón. Si antes conviene cambiar alguna lama o enderezar una guía, se hace en la misma visita, y el motor empieza su vida sin esfuerzos de más.
¿Y si hay un corte de luz?
El freno del motor retiene la persiana donde la pille el apagón hasta que vuelve la electricidad. Si una persiana cierra una salida que no debe quedar bloqueada, como la de una terraza, díganoslo y lo tendremos en cuenta al elegir el motor.
¿Un solo mando para toda la casa?
Es posible. Un mando multicanal guarda cada persiana en su canal y también grupos, como todas las de la fachada que da al sol. Lo dejamos configurado y practicamos con usted antes de marcharnos.
Mi persiana motorizada se ha quedado muda, ¿cambio el motor?
Todavía no. Primero hay que descartar que le llegue mal la corriente, que el paño roce y lo frene o que los límites se hayan desprogramado. Si al final el motor está agotado, montamos otro con la fuerza que pide su persiana.